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Siete iglesias, siete estilos

Categoría: Arte y Cultura 27 marzo 2013

Oratorio del Caballero de Gracia (1782-1794). Juan de Villanueva.

La tradición dice que el Jueves Santo deben visitarse siete iglesias. Y siete son las iglesias que he visitado para trazar un itinerario por la historia del arte. Sé respetuoso, entra en silencio y disfruta de la belleza de su arquitectura.

Si tuviéramos que elegir la iglesia que mejor representase el fervor religioso de los madrileños, esa sería sin lugar a dudas la de Jesús de Medinaceli, cuyo cristo, obra sevillana de la primera mitad del siglo XVII, sale en procesión todos los Viernes Santo. Sin embargo, para un amante del arte, el edificio clave es el Real Oratorio del Caballero de Gracia, todo un tratado de arquitectura construido por Juan de Villanueva que resume en pocos metros cuadrados los rasgos del neoclasicismo: 14 columnas de orden corintio cuyo fuste está hecho con una sola pieza de granito; una bóveda de cañón decorada con casetones y un ábside semicircular. Recuerda tanto a una basílica romana, que podría pasar inadvertida entre los decorados de una película de gladiadores, pero se construyó entre 1782 y 1794.

No obstante, la iglesia de Madrid que ha sido más influyente en la historia del arte es la iglesia del Monasterio de la Encarnación, cuya fachada ha servido de modelo para otras muchas iglesias castellanas, como la del antiguo Convento de de las Trinitarias Descalzas, en la calle Lope de Vega,  o la del Monasterio de las Agustinas Recoletas, en la calle Santa Isabel. Obra de fray Alberto de la Madre de Dios, el Monasterio de la Encarnación fue fundado por Felipe III y Margarita de Austria en 1611 y es un ejemplo de la poderosa influencia que el estilo herreriano o escurialense tuvo hasta entrado el siglo XVII. Se dice que estaba comunicado con el antiguo Alcázar de los Austrias por un pasadizo secreto. Cada verano, el día 27 de julio, se acercan cientos de personas para ver cómo se licua la Sangre de San Pantaleón.

Los Jerónimos (1503-1505). Enrique Egas; La Encarnación (1611-1616). Fray Alberto de la Madre de Dios; San Marcos (1749-1753). Ventura Rodríguez.

También de fundación real, la iglesia de Los Jerónimos es uno de los pocos ejemplos de arquitectura gótica isabelina de Madrid. Mandada construir por los Reyes Católicos, posteriormente fue parte del desaparecido Palacio del Buen Retiro, gravemente dañado durante la invasión francesa. Aparte de su imponente escalera, construida porque en 1906 el templo tuvo que acoger la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg ya que Madrid aún no contaba con la Catedral de la Almudena, y de sus bóvedas de crucería, no dejes pasar por alto las pinturas murales del siglo XVI aparecidas recientemente tras la restauración del templo. Algunas de sus capillas están decoradas con obras del vecino Museo del Prado.

Más frecuentes en Madrid son las iglesias barrocas del siglo XVIII, muchas de ellas construidas por arquitectos italianos o franceses. Aquí la elección se hace algo más difícil. Hubiésemos podido hablar de Santa Bárbara, donde están enterrados Fernando VI y su esposa, o de la Basílica de San Miguel, que da cierto aire romano a las calles de La Latina. Pero la iglesia de San Marcos me parece todavía más interesante: su autor, Ventura Rodríguez, supo interpretar con originalidad el barroco europeo. La fachada es una versión en ladrillo de Sant’ Andrea al Qurinale de Bernini y su planta consiste en una sucesión de espacios ovalados que crean gran sensación de movimiento.

Madrid cuenta con una riquísima arquitectura religiosa del siglo XX, con obras de autores tan reconocidos como Luis Moya Blanco, Fisac o Sáenz de Oíza. En particular me fascina el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, proyectado en 1962 por los arquitectos Enrique de la Mora y Félix Candela, porque creo que refleja de forma muy plástica los aires de renovación que corrían por la Iglesia Católica en los años sesenta, los años del Concilio Vaticano II. Su sorprendente cubierta de hormigón recuerda a un sombrero mexicano y dentro los bancos se distribuyen en gradas a modo de anfiteatro.

Torre de San Nicolás (s.XII); San Miguel y San Benito (1902-1910). Fernado Arbós y Trementi; Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (1962-1965). Enrique de la Mora y Félix Candela.

Para comprender la modernidad de este edificio basta compararlo con la iglesia de San Miguel y San Benito, un excelente ejemplo de arquitectura historicista construida solo cincuenta años antes, entre 1902 y 1910, por Fernando Arbós y Tremanti. Si bien el autor del Panteón de Hombres Ilustres también optó por una planta central, todo lo demás es diferente y habla del pasado: desde el vecino Parque de El Retiro se divisan su cúpula de estilo neobizantino y su torre que, coronado por una elegante balaustrada, recuerda a los campaniles italianos.

Muy particular también es la torre mudéjar de San Nicolás, escondida en el Madrid de los Austrias. Datada en el siglo XII, se llegó a pensar que este campanario era el alminar de una mezquita. Con el edificio más antiguo de la ciudad acabo mi recorrido por siete iglesias y siete estilos. Hay muchos más templos en Madrid, algunos maravillosos, como San Francisco el Grande o la Capilla del Obispo, pero el Oratorio del Caballero de Gracia, la iglesia del Monasterio de la Encarnación, San Jerónimo el Real, San Marcos, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, San Miguel y San Benito y San Nicolás son ejemplos muy puros de sus correspondientes estilos. Yo volveré una y mil veces para disfrutar de su arquitectura.


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