Ignacio Vleming Ignacio Vleming

Museo de Arte Contemporáneo

Categoría: Arte y Cultura 6 febrero 2015

Despacho de Ramón Gómez de la Serna. Museo de Arte Contemporáneo. Conde Duque.

A la espera de su reapertura definitiva, el Museo de Arte Contemporáneo muestra en dos salas del centro cultural Conde Duque sus obras más singulares, entre las que destaca el despacho de Ramón Gómez de la Serna.

Con las palabras “El Museo Portátil” se sugiere que los fondos de la colección pueden ordenarse de formas tan diversas como los recortes que cubrían las paredes y los muebles del despacho de Ramón Gómez de la Serna, una instalación artística avant la lettre reivindicada dese la exposición que el Reina Sofía dedicó al escritor en 2002 y que ahora se ha convertido en la pieza estrella del Conde Duque. Exhibir su despacho, su obra plástica por excelencia, el lugar donde nacían sus greguerías, delicadas chispas de ingenio que cambian nuestra forma de ver el mundo, significa rendir un justo homenaje al madrileño más excéntrico.

Este collage tridimensional, ubicado primero en un “torreón” de Madrid, como le gustaba llamarlo a Gómez de la Serna, y más tarde en Buenos Aires, tiene algo de museo imaginario donde se confunden las obras más excelsas de la historia del arte con escenas del circo, los cabaret o los paisajes exóticos. Un laberinto de referencias solapadas o contrapuestas que hace ya unos años me ayudó a comprender mi amigo Rrose Sélaby con su blog Maquinaria de la nube, donde hace inventario de las imágenes que componen esta cámara de las maravillas.

Al mismo tiempo se trata de una obra de arte que recuerda a la casa destartalada y llena de encanto de algún vecino loco, de algún bohemio auténtico al que hemos visitado con el único fin de comprobar que realmente se puede vivir rodeado de tantos alamares. «El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos», escribe y me hace pensar en la pesadilla que debía ser desempolvar los anaqueles llenos de libros o las mesas invadidas por objetos encontrados en el Rastro, porque muchos de los chismes que forman parte de esta cápsula del tiempo renacieron a una nueva vida en la Ribera de Curtidores. En esto debieron pensar los arquitectos Vicente Patón y Alberto Tellería cuando diseñaron el montaje expositivo, que coloca el despacho de Ramón dentro de una vitrina, a la que sólo podemos asomamos a través de las ventanas y ventanitas circulares que nos convierten por momentos en cotillas de principios de siglo en busca de la sorpresa.

En la sala titulada el “El orden de la colección” el museo presenta algunas de las mejores obras de sus fondos, entre las que cabe destacar los trabajos Salvador Dalí y Joaquín Torres García, que conocieron a Ramón Gómez de la Serna en Madrid. Por otro lado las pinturas de los esquizos, Carlos Alcolea, Sigfrido Martín Begué o Guillermo Pérez Villalta, y las fotografías de Ouka Leele y Alberto García-Alix, vinculados estéticamente a la Movida, son uno de los platos fuertes del museo, al que muchos nostálgicos pueden venir buscando las décadas doradas en las que esta ciudad no se avergonzaba por mostrar su lado más imaginativo. ¡Cuánto le seguimos debiendo a Ramón! Ramón Gómez de la Serna, que supo ver el lado más vanguardista de Madrid.

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