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Alcina. Foto: Javier del Real

Por primera vez en Madrid se representa Alcina, una de las mejores óperas de Händel que puede verse desde ayer en el Teatro Real.

Durante décadas fue complicado encontrar en la programación de los teatros de todo el mundo este título de Händel que, pese a contar con algunas de las páginas más bellas jamás escritas por el compositor, exige, además de un gran virtuosismo técnico, un enorme esfuerzo vocal a los cantantes (dura alrededor de tres horas y media). Pero Alcina ha llegado por fin a Madrid y lo hace de la mano del director musical Christopher Moulds, especializado en el repertorio barroco, y del director de escena David Alden, que se ha labrado su reputación gracias a polémicos montajes de corte posmoderno. Además Alden debuta en el Teatro Real con este montaje, inspirado de alguna manera en La rosa púrpura del Cairo, la película de Woody Allen.

Para los aficionados a la música barroca, una minoría dentro de los aficionados a la música clásica entre los que me incluyo, la obra de Händel es sin lugar a dudas una de las cimas indiscutibles. Puede sonar exagerado, pero lo cierto es que sus melodías, algunas repetidas en varios de sus títulos, son tan populares entre nosotros como los éxitos de la radio fórmula. Porque, lejos de ser un repertorio elitista como podría pensarse hoy, el público acudía en masa a los estrenos de Händel  en el Covent Garden de Londres como si se tratara del concierto de una estrella del pop. Y aunque el libreto, basado en los cantos VI y VII del Orlando Furioso, es algo confuso, Alcina sigue siendo hoy una obra maestra que reúne algunas de las arias mejores del autor – y tal vez de todo el barroco –, como “Verdi prati” o “Mi lusinga il dolce affetto”, cantadas por el personaje Ruggiero (papel escrito para el entonces famoso castrato Carestini y en esta ocasión interpretado por Christine Rice) o “Ah! Mio cor! Schernito sei!”, cantada por Alcina (Karina Gauvin). Con “Tornami A Vagheggiar” Anna Christy se llevó un fuerte y merecidísimo aplauso.

Bajo mi punto de vista ha sido un acierto elevar el foso de la orquesta, que queda casi a la altura del patio de butacas, y subir algunos instrumentos al escenario, de tal forma que la música se integra perfectamente en la trama. Además debo decir que una vez más volví a casa con la agradable sensación de haber escuchado a unos músicos excelentes, los de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Alcina podrá verse en el Teatro Real hasta el 10 de noviembre.

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