Eugenio Hernández Eugenio Hernández

Un Apolo a una nariz pegado

Categoría: Arte y Cultura 26 junio 2018

Fuente de Apolo en el Paseo del Prado

Fuente de Apolo en el Paseo del Prado

El punto central del Paseo del Prado, aquel al que según el plan original deberían haberse dirigido casi en reverencia las miradas de Neptuno y Cibeles, el eje de la obra impulsada por Carlos III, iba a ser la fuente de Apolo, el dios de la Luz y de las Artes. Sin embargo, por aquello de que cuando uno se mete en obras no se sabe bien cuándo acaban, la fuente llamada a ser centro de todas las miradas quedó arrinconada, casi escondida.

La Fuente de Apolo también es conocida como la Fuente de las Cuatro Estaciones

La Fuente de Apolo también es conocida como la Fuente de las Cuatro Estaciones

Se inauguró con motivo del compromiso matrimonial entre Fernando VII y María Antonia de Nápoles y, en cierto modo, como indirecto homenaje al rey ilustrado y ya fallecido, un rey que transformó Madrid durante su mandato e impulsó la reforma del paseo. Hay una leyenda según la cual el rostro de Carlos III sirvió de inspiración para modelar los rasgos de la estatua de Apolo, pero resulta poco creíble viendo el resultado final. Porque la estatua firmada por Alfonso Giraldo Bergaz es muy hermosa y el rey, lo que se dice guapo, guapo de esos que te llaman la atención al pasar, pues no era, la verdad.

Detalle del cuadro Carlos III, cazador de Francisco de Goya (Museo del Prado)

Detalle del cuadro Carlos III, cazador de Francisco de Goya (Museo del Prado)

Vale que de pequeño, aún infante y en segunda línea de sucesión, Carlos III es retratado como un adorable querubín de blanca palidez y largos rizos rubios. Pero una vez llegado a la mocedad, se describe al Borbón como desastrado en el vestir, no muy alto, de tez oscurecida por sus diarias jornadas de caza, ojos saltones, espalda cargada y, sobre todo, con una nariz para la que el quevedesco adjetivo de superlativa se quedaría corto. Se quejaba el rey del tamaño en el que fue grabado su apéndice nasal en las medallas conmemorativas de la conquista de las Dos Sicilias, “casi la mitad más larga de lo que yo la tenía”, llegó a decir. Pero es que, a su lado, hasta Cyrano de Bergerac parece chato.

Boceto de la Fuente de Apolo realizado por Ventura Rodríguez

Boceto de la Fuente de Apolo realizado por Ventura Rodríguez

La fuente de Apolo nos muestra al dios con una lira en una mano y el carcaj de flechas en la otra, pisando a la serpiente Pitón y flanqueado por dos surtidores de agua, con las caras de Circe (conocida por convertir hombres en animales) y Medusa (que prefería convertirles en piedra). Se llama también fuente de las Cuatro Estaciones por las figuras de cuatro personajes alegóricos que las representan esculpidas en el pedestal.

Ha sido restaurada recientemente ya que, al ser de piedra de Redueña y no de Montesclaros como Neptuno y Cibeles, los líquenes y la contaminación le han hecho más mella que a sus hermanas. A cambio, su factura es la más lograda de las tres estatuas y guarda un atractivo añadido. En ella se pueden ver decenas de restos y huellas de gasterópodos de la época de los dinosaurios, atrapados como fósiles en la roca desde el Cretácico, hace ochenta y cinco millones de años.

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