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Muchacha asomada a la ventana, 1925. Salvador Dalí. VEGAP. Madrid, 2020. Joven con Vela, 1658-1665. Gerrit Dou. Santa Bárbara, 1438. Robert Campin.

Con el fin de aliviar el aburrimiento provocado por una larga convalecencia, James Stewart espiaba con sus prismáticos a los vecinos en La ventana indiscreta, que para muchos es la mejor película de Alfred Hitchcock. Del mismo modo, en este recorrido virtual por los museos de Madrid, los personajes -o los espectadores- de algunos cuadros miran hacia el exterior en busca de algo interesante. Una actividad, la de asomarse, que hoy todos los madrileños practicamos a diario debido al confinamiento… y no porque seamos unos cotillas. Por lo menos lo hacemos una vez cada jornada, cuando dan los 20:00 y salimos a los balcones para aplaudir a los médicos y enfermeros que cuidan de nosotros, y también a los profesionales que mantienen abiertos los servicios básicos. De paso echamos un vistazo para comprabar que quienes viven enfrente siguen bien. Como ya sugerimos en una entrada anterior, los museos tienen desde hace tiempo buena parte de sus fondos digitalizados. Este paseo por las webs del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Prado, el Reina Sofía y del Lázaro Galdiano quiere traer a algo de aire fresco a la cuarentena.

No sabemos qué mira exactamente la hermana de Salvador Dalí en un cuadro que hoy puede verse en el Museo Reina Sofía. Muchacha asomada a la ventana es una de las obras más populares del pintor surrealista, probablemente porque es la más representativa de su estilo neoclásico. En este caso Anna Maria, que posó para el artista de bigotes afilados en su casa de Cadaqués, repite la posición del espectador y viene a subrayar que la pintura siempre es una ventana.

A quién no debió gustarle nada lo que vió fuera, es al espectador que justo antes que nosotros arrojó una piedra través del cuadro de René Magritte Le Clef des Champs y rompió el cristal. En sus fragmentos, como si se tratara de una pesadilla, se quedó atrapado el paisaje. Cuando termine el confinamiento, seguirá inquietándonos junto a otras obras del movimiento surrealista que pueden verse Museo Thysse-Bornemisza.

A veces, sin embargo, sucede lo contrario, como en una tabla de Robert Campin fechada en 1438 y expuesta en el Museo del Prado. Aquí somos nosotros quienes nos asomamos al cuadro y descubrimos que, mientras Santa Bárbara reza junto a la lumbre,  ya se está construyendo la torre en la que será encerrada. Divisamos el lugar del martirio gracias a que los postigos están abiertos. Podríamos incluso afirmar que fueron las escuelas flamenca y holandesa las que descubrieron que ventana y pintura son sinónimos. Esta obra fue una de las favoritas de María Zambrano, sobre la que ella misma hizo una fantástica reflexión en el programa de TVE, Mirar un cuadro.

Gerrit Dou ha pasado a la historia del arte por ser uno de los alumnos aventajados de Rembrandt y por ubicar muchas de sus escenas en el alfeizar de las ventanas, como la que puede verse en la web del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y en la que una joven se asoma al lienzo para mirar qué sucede en la calle. El Museo Lázaro Galdiano conserva un grabado de un cuadro del mismo autor: detrás de la ventana como si fuera un escenario, un violinista da un concierto, con el deseo de que alguien le escuche, y que en estos días de confinamiento recuerda a todos esos artistas que comparten su talento desde los balcones y a través de sus perfiles en redes sociales.

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