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Cementerio de la Almudena

Al igual que los museos y las bibliotecas, también los cementerios cuentan la historia de las ciudades, en su caso a través de las lápidas y las tumbas de los habitantes que una vez pasearon por las mismas calles que hoy recorremos nosotros. Con motivo del día de Todos los Santos, durante el mes de noviembre la Oficina de Turismo propone una serie de Visitas Guiadas Oficiales al Panteón de Hombres Ilustres, al Cementerio de la Almudena, al Sacramental de San Isidro, a los Cementerios civil y hebreo y al Sacramental de San Justo, que conservan monumentos funerarios con gran interés histórico o artístico.

Siempre me ha impresionado lo solitarios que son los cementerios, tan lejos del bullicio de las ciudades, sin embargo hasta el siglo XVIII se enterraba a los muertos dentro de las iglesias, en el corazón de las urbes. A partir de la Ilustración, debido a la escasez de espacio y por motivos higiénicos, empezaron a barajarse otras alternativas y así surgieron los Sacramentales de Santa María o el de San Isidro, que fundado en 1811, ha sido el lugar elegido por la nobleza madrileña para esperar el Juicio Final. Al visitante no le quedará ninguna duda, los panteones alcanzan tal suntuosidad y riqueza que humillaría a la mayor parte de las casas de la ciudad, y hoy es un completo inventario de los estilos arquitectónicos del siglo XIX – del historicismo al modernismo -, con las sepulturas de Campomanes, la familia Madrazo o el panteón construido en 1902 por la Asociación de Escritores y Artistas para alojar las cenizas de personajes ilustres del mundo de la cultura. Aquí descansan José de Espronceda, Mariano José de Larra, Eduardo Rosales, Leandro Fernández de Moratín, Ramón Gómez de la Serna, Muruchi Fresno, Carmen Conde, Luis Escobar o Rafaela Aparicio. Por otra parte, desde el cementerio de San Isidro las vistas sobre el río son espectaculares.

Tumba de Galdós en el Cementerio de la Almudena

A finales del siglo, Madrid había crecido tanto que los cementerios construidos en tiempos de José Bonaperte volvieron a encontrarse en el interior de la ciudad. El de la Almudena se proyectó para liberar las antiguas necrópolis del Norte y del Sur y tuvo que construirse rápidamente en 1884 porque había que dar sepultura a los fallecidos en la epidemia de cólera de aquel año. Por esto, durante algún tiempo se le conoció como “cementerio de epidemias”. Son de estilo modernista la arquería que da acceso al camposanto y la capilla, levantada en 1925. Las tumbas de Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, del escritor Benito Pérez Galdós, de la folclórica Lola Flores y de su hijo el cantante Antonio Flores, del torero Yiyo y de la primera mujer torero, Juanita Cruz, son algunas de las miles de tumbas de este cementerio, uno de los más grandes de Europa. Sobre sus tapias se fusilaron en la posguerra a más de 2.500 personas, entre ellas a las Trece Rosas, un grupo de jóvenes mujeres defensoras de las ideas socialistas.

Al otro lado de la avenida Daroca, se encuentran el cementerio judío y el cementerio civil, donde durante años se ha enterrado a los no creyentes. Están las sepulturas de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, Pi y Margall, presidente de la Primera República Española, Arturo Soria, urbanista e ingeniero,  Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español, Pío Baroja y Wolf Vostell, el artista conceptual que formó parte del movimiento Fluxus.

Capilla del Cementerio de la Almudena, obra de José Urioste y Fernando Arbós y Tremanti

Hay nombres tan conocidos en los cementerios de Madrid, que el papel del Panteón de Hombres Ilustres queda algo ensombrecido. Comenzado a construir en 1891 bajo el proyecto ganador de Fernando Arbós y Tremanti, en la actualidad sólo alberga la sepultura de José Canalejas, ya que los restos de los demás próceres fueron reclamados por sus ciudades de origen. No obstante merece la pena una vista por el valor artístico del conjunto, con obras de Mariano Benlliure y Agustí Querol.

Pero además de estos cementerios, en Madrid hubo otros que desaparecieron para dejar paso a plazas, parques o manzanas de viviendas. Por ejemplo los arqueólogos sitúan la necrópolis musulmana bajo la actual Plaza de la Cebada y en el lugar donde hoy se encuentra el Palacio de Cristal de El Retiro hubo un camposanto en tiempos de Carlos III. También la ampliación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía diseñada por Jean Nouvel se levanta sobre el cementerio del Antiguo Hospital General. Por lo que a lo mejor los muertos no estén tan solos como a veces he creído.

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