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Patio con esculturas romanas. Foto de Luis Asin.

Tras seis años de obras vuelve a abrir sus puertas el renovado Museo Arqueológico Nacional (MAN), que ahora presenta su colección con el apoyo de gráficos, maquetas, vídeos y reproducciones táctiles.

Para muchos madrileños de mi generación “el arqueológico” era un museo de obligada visita escolar. En sus salas descubríamos que los faraones del Antiguo Egipto se hacían enterrar momificados en un sarcófago dentro de una pirámide en medio del desierto. Aquellos jóvenes aprendices de Indiana Jones también contemplábamos fascinados los misteriosos cuencos de Axtroki, dos cascos o recipientes rituales de oro de la Edad de Bronce Final. Y por supuesto nunca nos faltaba hacerle una visita a la supermodelo de este desfile de dioses y muertos, la delicada escultura íbera de la Dama de Elche. Pero con los años muchos madrileños de mi generación olvidaron el magnetismo del museo y dejaron de ir. Recuerdo haber pasado alguna tarde en las solitarias salas dedicadas a Al-Andalus buscando el Bote de Zamora, una obra maestra de la eboraria que encargó el Califa de Córdoba Al-Hakam II, del que nos había hablado la profesora de historia del arte, y haberme perdido en un bosque de capiteles románicos y retablos góticos imaginando cómo sonaría la música de los trovadores. El lunes mismo fue la inauguración oficial de la reforma, después de permanecer cerrado dos años y medio. Me he dado una vuelta y el resultado es espectacular.

Pantallas explicativas

La colección sigue siendo prácticamente la misma que era, un conjunto de objetos útiles y suntuarios que relatan la historia de España desde mucho antes de que se llamara España hasta 1867, año en el que Isabel II fundó el museo, y narrada en el contexto de las civilizaciones y culturas que han poblado el Mediterráneo.  Sin embargo el MAN parece otro, y parece otro en gran parte por las vitrinas recién estrenadas, por las reconstrucciones virtuales que introducen cada una de las secciones y por el esfuerzo que ha hecho para ser más accesible. A lo largo del recorrido hay una serie de  estaciones táctiles que permiten tocar copias de algunas de los objetos y el punto de información ofrece guías multimedia adaptadas. Por todo esto ahora es imposible no darse cuenta de que es uno de los mejores museos de arqueología de Europa.

A los que conocían el museo tal y cómo era antes les sorprenderá la armoniosa belleza de los patios que, ahora cubiertos por grandes lucernarios, presentan la escultura romana y los restos arquitectónicos íberos. También les llamará la atención las salas dedicadas a la Edad Moderna, que muestran una parte importante de los fondos que raramente se exhibían. A los nuevos visitantes, sin embargo, les fascinará lo que siempre nos ha fascinado a todos, la colección de cerámica griega, una de las más ricas del mundo, la Dama de Baza, que todavía conserva parte de su policromía original y las deslumbrantes coronas votivas visigodas del Tesoro de Guarrazar. Y es que son tantas las sorpresas que reúne el Museo Arqueológico Nacional que una sola visita no basta. A partir de ahora allí me verán muy a menudo, perdido, viajando en nuestra nueva máquina del tiempo.

Corona votiva visigoda del Tesoro de Guarrazar y Bote de Zamora.

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