Ignacio Vleming Ignacio Vleming

Calle de Zurbano

Categoría: Comer y beber, De Compras 16 junio 2015

Edificio de viviendas de la calle Zurbano

Desde Génova hasta Nuevos Ministerios, la calle de Zurbano sube en paralelo al Paseo de la Castellana salpicada de palacetes, boutiques, restaurantes y museos con encanto. Según el periodista Andrew Ferren, del diario New York Times, es una de las mejores de Europa. Se trata de un itinerario muy recomendable para los que busquen explorar Madrid más allá de los circuitos turísticos convencionales.

En Zurbano no se encuentran las grandes cadenas de moda o los restaurantes típicos de la ciudad, ni tampoco están los monumentos más representativos, sin embargo esta calle es una muestra completa del Madrid clásico, del Madrid de siempre, del que al menos yo he conocido toda la vida. De joven, para mí, Zurbano era un atajo entre la zona norte y el centro. Cuando no tenía ganas de tomar el metro, bajaba por esta calle estrecha – es de un solo carril – y arbolada que cruza de punta a punta el distrito de Chamberí. Así que no me sorprende la elección del New York Times. Aquí conviven las tradicionales tiendas de barrio con el comercio creativo y las señoriales casas de balcones con algunos palacetes de la Belle Époque, como el de Santo Mauro, hoy convertido en un hotel de la cadena AC.

Ultramarinos José Gascón

De principio a fin el recorrido cultural comienza en el número tres de la calle, en un palacete de principios del siglo XX que acoge la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas, cuya programación incluye proyecciones y conferencias en esta sede. Pocos metros después, en el cinco, encontramos el Ministerio de Fomento, antiguo Palacio de los Marqueses de Casa Riera donde nació en 1928 Fabiola de Bélgica – el pedigrí de esta calle es indiscutible –. Más adelante llegamos a la Embajada de Suecia, con una interesante ampliación de los arquitectos M. Ahigren, T. Olsson y S. Silow de 1963 en estilo racionalista. Un par de manzanas más arriba, la calle de Zurbano se cruza con el Paseo de Eduardo Dato, donde se alza la iglesia neomudejar de San Fermín de los Navarros, y en el número 53, esquina con el Paseo del General Martínez Campos, está el Palacio del Marqués de la Oliva, de estilo ecléctico. La gran sorpresa de Chamberí se encuentra este mismo paseo y es el Museo de Sorolla, que además de una completa colección de pintura del artista valenciano cuenta con un jardín de estilo andaluz. Hacia el final de la calle, en el número 65, lleva desde 1930 Ultramarinos José Gascón, un establecimiento por el que parece no haber pasado el tiempo. Incluso en uno de los escaparates todavía se conserva la marca dejada por el rebote de una bala durante la Guerra Civil. Hoy, regentado por Leandro Gascón, ofrece una cuidada selección de vinos y ha contado con clientes tan mediáticos como el antiguo futbolista del Real Madrid David Beckam.

Palacio del Marqués de la Oliva

De vuelta al centro se encuentran tiendas, cafeterías y restaurantes con gran personalidad. En el número 63, el Restaurante Izariya, inaugurado hace a penas unos meses, sirve auténtica comida japonesa. Más abajo, en el 52, la zapatería Un pie en Versalles está inspirada en la salita del palacio donde Maria Antonieta solía descansar. Su directora, Concha García, me cuenta que todas las bailarinas y las alpargatas que venden están fabricadas en España y pueden pedirse por encargo. “Es posible hacer casi un millón de combinaciones distintas”, añade mientras me enseña el delicado packaging, una bolsa de tela con la marca de la firma. El buen gusto es costumbre en Zurbano, donde también se halla el restaurante de uno de los chefs más conocidos de Madrid, Sergi Arola, que gracias a sus atrevidas propuestas gastronómicas ha conseguido que el número 31 de la calle ostente dos Estrellas Michelin. También hay que tener mucha finura para convertir la patata asada en una verdadera delicatesen, como ha hecho La Peseta de doña Casilda, en el 10. Antes de abandonar Zurbano es aconsejable darse un garbeo por Blanca de Navarra, la bocacalle de aire bohemio donde se encuentra la floristería Alfabia y la librería de Trama Editorial y la de Orfila, desde hace décadas conocida por sus galerías de arte.

Otra vez en la almendra central echo de menos el ambiente tranquilo de la calle de Zurbano, la elegancia sin pretensiones del barrio de Chamberí, ese Madrid clásico, el Madrid de siempre, el que al menos yo he conocido toda la vida.

Un pie en Versalles

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