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Foto de Javier Naval.

El año pasado varias amigos me recomendaron venir a ver esta obra, ganadora de tres Premios Max, entre ellos el de `Mejor espectáculo´ de 2014. Ahora que ha vuelto a las Naves del Español, donde estuve viéndola ayer, también voy a recomendarla.

La recomiendo por varios motivos. La recomiendo porque está muy bien construida desde todos los puntos de vista: escritura, puesta en escena y dirección de actores. La recomiendo porque habla de la familia, tema que nos toca en lo más profundo y que nunca pasa de actualidad. Y la recomiendo porque verla es terapéutico, sanador, porque es un drama que no juzga a sus personajes, que no juzga a su público, que ensancha los pulmones.

Cuando deje de llover analiza las relaciones entre los distintos miembros de una familia a lo largo de tres generaciones y descubre que los mismos patrones de comportamiento, el abandono, la destrucción, el amor y el perdón, se repiten con pequeñas cambios, como si hubiera un río secreto que conectara los corazones de unos y otros a través del tiempo. La propia estructura de la obra refleja de forma muy precisa este misterioso funcionamiento de los personajes quienes, sin saberlo, vuelven a situaciones y hábitos insuflados por sus padres y los padres de sus padres. Cuando deje de llover es, hasta cierto punto, una tragedia clásica, en la que cada pieza del puzle, cada escena de la función, encuentra su lugar según avanza la historia. “Deja que los muertos se ocupen de los muertos”, “Me aburre la nostalgia”, dicen Gabrielle y Elizabeth, incapaces de enfrentarse al pasado para deshacer el encantamiento que les obliga a pasar una y otra vez muy cerca del mismo lugar de la historia.

Foto de Javier Naval

Es inevitable pensar en la teoría psicológica de las constelaciones familiares, que sostiene como causa de muchos comportamientos una conciencia grupal inconsciente, para explicar cómo evolucionan los  personajes de Cuando deje de llover. Este universo se plasma a través de una envolvente puesta escena dirigida de forma coreográfica por Julián Fuentes Reta. El público se sitúa en torno a un ring donde los actores y los objetos se mueven sin cesar, cambiando constantemente el punto de vista de los espectadores. Sin embargo, las imágenes vuelven a reproducirse casi idénticas, igual que las agujas de un reloj repiten cada doce horas la misma posición. De este modo consigue manifestar ese flujo continuo y sostenido de emociones compartidas por toda la familia.

Entre los aspectos más relevantes de Cuando deje de llover destaca la elección de un texto contundente y evocador. Obra de Andrew Bovell, autor australiano prácticamente desconocido en nuestro país, ha sido traducida con elegancia por Jorge Muriel, que ha demostrado tener olfato para encontrar el mejor teatro que se está haciendo hoy en el mundo anglosajón (ha vertido al español obras de Derek Ahonen) y que además interpreta el papel de Gabriel. Desde aquí mi más sincera enhorabuena al Teatro Español por apostar por un espectáculo de gran éxito que podrá verse hasta el 8 de noviembre.

Foto de Javier Naval.

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