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Foto de Vallinas.

Gracias a la invitación de Catatu, ayer pude asistir al ensayo general en el Teatro de la Zarzuela de uno de los títulos más populares del género: La del soto del Parral, en cartel hasta el 5 de diciembre.

Estrenada en 1927, La del soto del Parral alcanzó un enorme éxito en Madrid y pudo verse el mismo año tanto en el Teatro de La Latina como en el Teatro Apolo. Pero la calurosa acogida del público no sorprendió a nadie, puesto que los compositores de la música, Reveriano Soutullo y Juan Vert, habían saltado a la fama tres años antes con su zarzuela La leyenda del beso, que ha pasado a la historia como uno de las cimas de la música española, aunque sea raramente representada debido a su duración. Con La del soto del Parral sus autores se alejan de la opereta y, tal vez inspirados por el verismo, movimiento preocupado en plasmar el sabor popular, apuestan por un estilo que incorpora el folclore con naturalidad.  En esta misma línea, el libreto, escrito por Anselmo C. Carreño y Luis Fernández de Sevilla, evoca el campo castellano sin caer en la idealización. De hecho muestra sobre las tablas del escenario los rumores y cotilleos de un pueblo, una forma crítica de representar el mundo rural.

La producción que nos ocupa es la misma que pudo verse en el año 2010, con Amelia Ochandiano al frente de la puesta en escena y Martín Baeza Rubio, de la música. Y como se demostró hace cinco años, no defraudará a una afición que conoce sobradamente muchas de las letras y puede tararear entre susurros “¿Dónde están nuestras mozas?” o “Ten pena de mis amores”. Yo además tuve la suerte de acompañar el espectáculo con un excelente vino segoviano, el Isée de la bodega MicroBio Wines, en perfecto maridaje con La del soto del Parral, pero esto es algo que le debo agradecer Catatu y que no forma parte del programa. No obstante volvería a verla, y esta vez sí, a entonarla en voz baja.

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