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Venus, cupido y sátiro, h. 1655-60. Alonso Cano.

Hasta el 24 de julio, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando exhibe buena parte de la colección de dibujo español de las Galerie degli Uffizi. Se trata de una muestra extraordinaria, no sólo porque gracias a la Ayuda García Viñolas de la Fundación Mapfre se haya podido estudiar en profundidad los fondos y atribuir nuevas autorías, sino también porque esta exposición, del mismo modo que aquella organizada por el Prado en 2013 bajo el título El trazo español en el British Museum, ahonda en el estudio de los talleres del Siglo de Oro y en la correcta interpretación de nuestra pintura en el contexto de las corrientes europeas.

Hace unos días, dando un paseo por el Barrio de las Letras, me encontré con una pequeña exposición que ha organizado la agencia de relaciones públicas Cano Estudio en su oficina. Junto a las obras de Fernando Martín Godoy, en Alonso Cano no es una parada de metro, se presentan algunos dibujos de maestros españoles. Allí mismo, Alfonso Arbolí, una de las caras visibles de la firma, evocó aquella teoría romántica que justificaba la escasez de esbozos de los grandes pintores del Siglo de Oro. Era tanto su talento, se pensaba, que los nuestros, apasionados y geniales, no necesitaban emborronar el papel antes de enfrentarse a un cuadro. Evidentemente tanto Alfonso Arbolí como yo sabemos que lo dicho es sólo una leyenda y que hoy, como demuestra la exposición de la Real Academia de Bella Artes de San Fernando, se puede afirmar que también los españoles, igual que los italianos, los franceses y los flamencos, dibujaban antes de pintar.

Retrato de Pablo de Céspedes, h. 1600. Francisco Pacheco. Retrato de muchacha, h. 1727-30. Miguel Jacinto Meléndez

I segni nel tempo es una de esas exposiciones que, apoyadas en un riguroso estudio científico, sirven para confirmar una tesis. Es tan completa que el visitante sale convencido del papel fundamental que el dibujo ha tenido a lo largo de la historia del arte, y sí, también del arte español. Podría añadirse que el disegno, como se dice en italiano, es la base de cualquiera de las expresiones plásticas. Por eso la Academia, que en tiempos fue también escuela, hace bien en recordarnos que sin éste no hay pintura ni escultura ni arquitectura. Y es que entrar en esta muestra es algo así como colarse en el taller de un artista, pero no de cualquiera: hablamos de Vicente Carducho, Juan Carreño, Alonso Cano o Ribera, todo ellos muy bien representados.

Entre las obras más destacadas se encuentran sin duda la efigie del artista Pablo Céspedes realizada por Francisco Pacheco para su famoso Libro de retratos de ilustres y memorables y el delicado dibujo de una muchacha atribuido a Miguel Jacinto Meléndez, con el que parece adelantarse a la pintura académica del siglo XIX. Además I segni nel tempo ofrece una información extraordinaria sobre la arquitectura y la historia de Madrid, sede de la Corte desde el siglo XVI, y uno de los centros del arte barroco, como nos recuerda el soneto que ilustra un dibujo de Claudio Coello presente en la exposición: “Sólo Madrid que a Roma desafía”. Buena prueba de ello son, por ejemplo, el alzado del interior de San Antonio de los Alemanes, con todos los elementos decorativos, o una de las escenografías del mítico Coliseo del Buen Retiro, el primer teatro a la italiana construido en nuestro país. En cualquier caso, como han indicado tanto el comisario Benito Navarrete como Marzia Faietti, directora del Gabinetto Disegni e Stampe de los Uffizi, I segni nel tempo trasciende el encorsetado estudio por escuelas nacionales, porque además de la enorme erudición en la que se apoya y del esfuerzo por rastrear la genealogía del dibujo español por toda Europa, es una de las exposiciones más hermosas que se han visto últimamente en Madrid, y toda una lección de arte de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Felipe V, h. 1712. Miguel Jacinto Meléndez.

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