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Detalle del frontal del Ateneo de Madrid

Detalle del frontal del Ateneo de Madrid

Haberlos, los había. En el Ateneo de Madrid han campado ideas de todo signo desde su fundación. Entre sus socios a lo largo del tiempo pueden encontrarse redomados ateos y confesos agnósticos y la libertad a la que aspiraba la institución (unida al gusto por el debate de los ateneístas) les ha llevado a discutir de lo humano y de lo divino de forma incansable.

Interior del Ateneo de Madrid

Biblioteca del Ateneo de Madrid

Pero sin exagerar, claro. Porque, pese a su difusión, la leyenda que habla de una supuesta votación entre los miembros del Ateneo para decidir sobre la existencia de dios no es nada más que eso: una leyenda que caricaturiza esa manía de los intelectuales por buscar explicaciones a todo.

Para empezar, no existe acta o documento que acredite ni el debate ni la celebración de la consulta. Además, y esta es una buena piedra de toque para detectar toda clase de fake news, la historia resurge con cierta frecuencia pero con variantes y resultados que se amoldan a cada época, cambiando las fechas y los participantes a lo largo de más de medio siglo.

1887-03-30, La Ilustración Española y Americana, Ateneo de Madrid, Conferencia dada por el conde de Morphy, Comba, Rico.

1887-03-30, La Ilustración Española y Americana, Ateneo de Madrid. Conferencia dada por el conde de Morphy, Comba, Rico.

Un periódico gallego parece ser el origen del bulo, situando y dando como cierto el escrutinio a finales del siglo XIX. La, para aquellos tiempos, osada iniciativa volvería a ser recogida por la prensa bastantes años después, a principios del siglo siguiente, y con distintos protagonistas. Se reproduce el meme esta vez en una sección de humor, como un chascarrillo más entre tantos, enfrentando a descreídos con creyentes.

La tercera y más exitosa reaparición de la leyenda, a juzgar por cómo se ha diseminado por Internet, sitúa la votación y el recuento en tiempos agitados, haciendo coincidir el inventado referéndum bien con los primeros compases de la Segunda República, bien con el comienzo de la Guerra Civil, depende de las fuentes. Interesadamente o no, la difusión de la anécdota reforzaba los recelos de los espíritus religiosos más conservadores ante el libre pensamiento, sobre todo porque el resultado final habría sido que dios no existe. Eso sí, por un solo voto de diferencia.

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