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Siete iglesias, siete estilos

Categoría: Arte y Cultura 5 abril 2020

Oratorio del Caballero de Gracia (1782-1794). Juan de Villanueva.

La tradición dice que el Jueves Santo deben visitarse siete iglesias y siete son las iglesias que trazan este itinerario por la historia del arte.

Si tuviéramos que elegir la iglesia más visitada por los madrileños, esa sería sin lugar a dudas la de Jesús de Medinaceli, cuyo cristo, obra sevillana de la primera mitad del siglo XVII, sale en procesión todos los Viernes Santos e inspira un enorme fervor entre muchos fieles. Sin embargo, para un amante de la arquitectura, el Real Oratorio del Caballero de Gracia es mucho más interesante, por ser una obra en la que Juan de Villanueva, autor del edificio que aloja El Museo del Prado, resume en pocos metros los principios elementales del neoclasicismo: 14 columnas de orden corintio cuyo fuste está hecho con una sola pieza de granito; una bóveda de cañón decorada con casetones y un ábside semicircular. Recuerda tanto a una basílica romana, que podría pasar inadvertida entre los decorados de una película de gladiadores, pero se construyó entre 1782 y 1794.

No obstante, el edificio religioso de Madrid que más influencia ha ejercido en la historia del arte es el Monasterio de la Encarnación. La fachada de su iglesia sirivió durante décadas de modelo para otras muchos edificios castellanas. Por poner algunos ejemplos, el Convento de de las Trinitarias Descalzas, en la calle Lope de Vega,  o la del Monasterio de las Agustinas Recoletas, en la calle Santa Isabel, reproducen esta misma composición. Obra de fray Alberto de la Madre de Dios, el Monasterio de la Encarnación fue fundado por Felipe III y Margarita de Austria en 1611 y es un ejemplo de la continuidad del estilo herreriano o escurialense hasta bien entrado el siglo XVII. Estaba comunicado con el antiguo Alcázar de los Austrias por un pasadizo, ya que en él se retiraron algunas de las mujeres de la casa real. Cada verano, el día 27 de julio, se acercan cientos de personas para ver cómo se licua la Sangre de San Pantaleón.

Los Jerónimos (1503-1505). Enrique Egas; La Encarnación (1611-1616). Fray Alberto de la Madre de Dios; San Marcos (1749-1753). Ventura Rodríguez.

También de fundación regia es la iglesia de Los Jerónimos, uno de los pocos ejemplos de arquitectura gótica isabelina que hay en Madrid. Este monasterio con cuarto real fue el embrión del  Palacio del Buen Retiro, gravemente dañado durante la invasión francesa y del que hoy solo se conservan el templo, el Casón y el Salón de Reinos. Aparte de su imponente escalera, construida en 1906 con motivo dela boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg (Madrid aún no contaba con la Catedral de la Almudena), y de sus bóvedas de crucería, no hay que dejar pasar por alto las pinturas murales del siglo XVI aparecidas hace unos años tras su restauración. Algunas de sus capillas están decoradas con obras del vecino Museo del Prado.

Más frecuentes en Madrid son las iglesias barrocas del siglo XVIII, muchas de ellas construidas por arquitectos italianos o franceses, que llegaron a la villa y corte con los Borbones. Aquí la elección se hace algo más difícil. Hubiésemos podido hablar de Santa Bárbara, donde están enterrados Fernando VI y su esposa, o de la Basílica de San Miguel, que da cierto aire romano a las calles de La Latina. Pero la iglesia de San Marcos es tal vez el ejemplo más interesante: su autor, Ventura Rodríguez, supo interpretar con originalidad propia el barroco. La fachada es una versión en ladrillo de Sant’ Andrea al Qurinale de Bernini y su planta consiste en una sucesión de espacios ovalados que crean gran sensación de movimiento.

Madrid cuenta con una riquísima arquitectura religiosa del siglo XX, con obras de autores como Miguel Fisac o Sáenz de Oíza. Pero probablemente la que mejor refleja los aires de reonovación que corrían por la Iglesia Católica en los años sesenta, los años del Concilio Vaticano II, sea el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, proyectado en 1962 por los arquitectos Enrique de la Mora y Félix Candela junto a el Parque de Berlín. Su sorprendente cubierta de hormigón recuerda a un sombrero mexicano bajo el que los bancos se distribuyen en gradas circulares.

Torre de San Nicolás (s.XII); San Miguel y San Benito (1902-1910). Fernado Arbós y Trementi; Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (1962-1965). Enrique de la Mora y Félix Candela.

Podemos comparar la modernidad de este edificio si lo comparamos con la iglesia de San Miguel y San Benito, un excelente ejemplo de arquitectura historicista construida solo cincuenta años antes (entre 1902 y 1910) por Fernando Arbós y Tremanti. Si bien el autor del Panteón de Hombres Ilustres también optó por una planta central, todo lo demás nos habla del pasado. Desde el vecino Parque de El Retiro se divisan su cúpula de estilo neobizantino y su torre que, coronada por una elegante balaustrada, recuerda a los campaniles italianos.

Muy particular también es la torre mudéjar de San Nicolás, escondida en el Madrid de los Austrias. Datada en el siglo XII, se llegó a pensar que este campanario, de arcos de herradura y polilobulados, era el alminar de una mezquita. Con este edificio, uno de los más antiguos de la ciudad, acabo mi recorrido por estas siete iglesias y estos siete estilos. Hay muchos más templos en Madrid, algunos igualmente maravillosos, como San Francisco el Grande o la Capilla del Obispo, pero el Oratorio del Caballero de Gracia, la iglesia del Monasterio de la Encarnación, San Jerónimo el Real, San Marcos, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, San Miguel y San Benito y San Nicolás son ejemplos muy destacados de distintas formas de arquitectura.


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