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Nadadores, Jávea. Joaquín Sorolla, 1905. © Museo Nacional Sorolla

Los museos son siempre un buen lugar para refugiarse, más aún si el termómetro supera los treinta grados. En este post los exploramos a fondo en busca de las mejores playas que tiene Madrid.

Nuestra primera parada es el Museo Sorolla que, en pleno barrio de Chamberí, ofrece vistas al Mediterráneo. Nadadores de Javea es uno de los muchos lienzos en los que el artista plasma con extraordinario realismo la luz del verano sobre la piel y a través del agua. Continuamos el recorrido por el Museo Reina Sofía, donde además de La nadadora de Pablo Picasso o de La pareja en la playa de Josep Togores, se conserva una obra de Nicolás de Lekuona, pionero del fotocollage en España, en la que numerosas mujeres se zambullen coreográficamente sobre un cielo que recuerda al mar.

Sin título. Nicolás de Lekuona, 1937. © Museo Reina Sofía. La Cala. Ernst Ludwig Kirchner, c. 1914. © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

La siguiente parada es en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. En las salas dedicadas a la pintura expresionista alemana y al grupo de artistas de Dresde Die Brüke pueden verse varias escenas de playa realizadas por autores como Emil Nolde, Erich Heckel o Max Hermann Pechstein. En concreto vamos a fijaron en un cuadro de Ernst Ludwig Kirchner que representa una cala de la isla de Fehmarn, en el mar Bátlico. El cielo, los árboles, las rocas y las bañistas tienen formas y colores irreales.

Escena de playa. Edward Henry Potthast, c. 1915. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

La colección Carmen Thyssen-Bornemisza incluye varias obras con el mar como protagonista. El norteamericano Edward Henry Potthast pinta con gran realismo el ambiente de las playas de Nueva York, en las que coincidirían muchos de los inmigrantes recién llegados a los EE.UU durante las primeras décadas del siglo XX. Se ha subrayado la influencia que tuvo en el artista la exposición de Sorolla organizada por la Hispanic Society en 1909.

La playa de St. Malo. Maurice Prendergast. c. 1907. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Las playas de Saint-Malo, en Bretaña, no tenían sin embargo el mismo sabor popular. Durante la Belle-Époque se habían convertido en un lugar de veraneo para la burguesía francesa. En el museo Thyssen-Bornemisza podemos ver un cuadro de Maurice Prendergast, también norteamericano, en el que los bañistas se pierden entre las clásicas casetas a rayas. La obra, salpicado de trazos breves y manchas de color regular, podría hacernos pensar en un mosaico.

Pastora desnuda tumbada. Berthe Morisot, 1891. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

De la misma colección Carmen Thyssen-Bornemisza es esta Pastora desnuda tumbada de Berthe Morisot, una pintora que formó parte del movimiento impresionista. La pincelada suelta y el fondo difuminado, como si fuera una fotografía de época, dotan a la escena de gran naturalismo. Según explica la web del museo, la artista realizó esta obra durante su estancia vacacional en Mézy-sur-Seine, a unos cincuenta kilómetros de París. En esta ocasión se trata de una playa fluvial.

Desembocadura del Bidasoa. Martín Rico, 1872. © Museo Nacional del Prado.

El paseo termina en el Museo del Prado, en las salas dedicadas a la pintura española del siglo XIX. Allí nos esperan cuadros como Chicos en la playa de Joaquín SorollaDesembocadura de Bidasoa de Martín Rico o los paisajes marítimos de Carlos de Haes, que muestran cómo era el mar antes de la llegada de los veraneantes. Finalmente nos detenemos delante de uno de las piezas más delicadas de toda la pinacoteca, una tablita de 13 por 19 centímetros titulada Desnudo en la playa de Portici. Esta obra de Mariano Fortuny hace visible algo muy difícil de explicar con imágenes, que es el placer de secarse al sol después del baño.

Desnudo en la playa de Portici. Mariano Fortuny, 1874. © Museo Nacional del Prado.

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