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Palacio de Perales. Foto de Álvaro López del Cerro.

Palacio de Perales. Foto de Álvaro López del Cerro.

Con motivo del centenario del fallecimiento de Galdós, el programa Madrid Otra Mirada (MOM) abre de manera excepcional las puertas de un puñado de lugares bajo la premisa de tener alguna relación con la vida o la obra del genial novelista. El Palacio del Marqués de Perales, sede central de la Filmoteca Española, es uno de los edificios que podrán visitarse junto al Cine Doré, la sala de proyecciones de la misma institución, el sábado 17 y el domingo 18 de octubre a las 11:00 h. Como las plazas son limitadas, para apuntarse es imprescindible inscribirse en www.mom.reservaspatrimonio.es . Nosotros nos adelantamos unos días y contamos su historia.

Rara es la calle del centro de la ciudad que no haya sido al menos mencionada una vez por el autor de Fortunata y Jacinta. Sin embargo la razón por la que los críticos consideran que su obra es el mejor retrato de Madrid radica en sus personajes, descritos con tan extraordinaria viveza que al leer una novela de Galdós se tiene la sensación de presenciar las situaciones y acontecimientos que narra. Los más cursis dirían que se trata de un estilo cinematográfico, pero yo en eso no me meto. De lo que no hay duda es la relación particular que la Filmoteca Española –cuya función es preservar y difundir el cine español–  tiene con el escritor, más aún si consideramos que su obra ha sido llevada a la gran pantalla en numerosas ocasiones por directores como Benito Perojo, José Buchs, Rafael Gil, Pedro Olea o José Luis Garci. Aunque sin duda son las adaptaciones de Luis Buñuel, que en una conversación con Max Aub lo incluyó como su única influencia, las más conocidas de todas. En su fantástica autobiografía, Mi último suspiro, Buñuel explica que conoció  “incluso al gran Galdós, del que más adelante adaptaría Nazarín y Tristana” y añade que solo lo vio una vez, en su casa, muy viejo y casi ciego, “al lado del brasero, con una manta en las rodillas”. (Por cierto con motivo del MOM, la Casa de América, proyectará Nazarín el 16 de octubre a las 17:00 h)

Patio de Butacas del Cine Doré.

Patio de Butacas del Cine Doré.

Pero como cabía suponer el Palacio de Perales, sede central de la Filmoteca Española, también aparece mencionado en la obra del genial escritor. En concreto es el escenario de varios sucesos narrados en Napoleón en Chamartín, uno de Los Episodios Nacionales, publicado en 1873, que cuenta la Guerra de la Independencia. Al III Marqués de Perales, al que cambia el nombre por el de Juan Mañara, que vivía en este palacio de la calle Magdalena, el pueblo lo acusa de masón y afrancesado y el 31 de diciembre de 1808 le da muerte.

Corrimos por la calle de Jesús y María, y al llegar a la de la Magdalena, la vimos completamente llena de gente; todo el vecindario estaba en los balcones, y un clamor inmenso llenaba la longitud de la calle (. . .) Hacia el centro de ella existía entonces, y existe aún, una casa suntuosa, pero de bastarda y ridícula arquitectura, por haber puesto en ella su mano D. Pedro de Ribera, autor de la fachada del Hospicio. A aquella casa histórica, residencia antes y también hoy de una respetabilísima familia, por mil títulos merecedora de la estimación pública, se dirigían las amenazas de la muchedumbre, borracha de ira. Todos querían entrar; pero las puertas estaban cerradas. Este obstáculo no tardó en desaparecer, y terribles hachazos hicieron temblar las labradas maderas de la puerta señorial, protegida por el ancho escudo que en esculpidos emblemas representaba hazañas y virtudes de otros tiempos. Mas ¿quién reparaba en esto? El pueblo, que ya había pisoteado en Aranjuez la real corona, no vacilaba en pasar por sobre la de un noble. Hicieron, pues, pedazos la puerta, y el pueblo entró desbordándose e invadiendo el palacio, como un río que rompe los diques que durante siglos le han contenido y se extiende por el llano con ímpetu destructor. Entraron todos, los que iban con algún objeto y los que no iban más que a gritar. No debía, pues, hacerse esperar mucho la satisfacción de la popular furia, y bien pronto nos quedamos helados de terror, oyendo decir: «Le han matado, ya le han matado».

Escalera del Palacio de Perales.

Escalera del Palacio de Perales.

Galdós se refiere a la fachada de Pedro de Ribera con cierto desprecio, el propio de un siglo XIX que tardó en comprender la enorme personalidad del arquitecto madrileño. Todavía hoy se conserva la fachada barroca de 1732, que concentra toda la decoración en torno a la puerta y el balcón. Sin embargo el interior está totalmente transformado, porque han sido muchos los usos que ha tenido este edificio. Una vez vendido por la familia en 1924, y antes de acoger a la Filmoteca Española, el Palacio de Perales fue Dirección General de Aeronáutica, Juzgado durante la Guerra Civil, Estafeta de Correos y sede de la Hemeroteca Nacional. Por lo visto en alguna de sus dependencias hubo una zapatería y tanto el dictador Miguel Primo de Rivera, como su hijo, el fundador de la Falange,  pernoctaron en el inmueble de la calle Magdalena, testigo de la historia del país. Pero no podríamos decir que sea un testigo mudo porque aquí se conserva un fondo documental de importantísimo valor para los investigadores del cine: diapositivas, programas, carteles, afiches, guiones o los archivos personales de Luis Buñuel o Luis García Berlanga, entre muchos otros. Las películas, sin embargo, se guardan en el Centro de Conservación y Restauración, situado no muy lejos de la Escuela de Cine de Madrid y que, al igual que si fuera una Biblioteca Nacional del celuloide, recibe los materiales que forman parte del fondo fílmico español.

Fachada del Cine Dore. Foto de Álvaro López del Cerro.

Fachada del Cine Dore. Foto de Álvaro López del Cerro.

La misma visita del MOM también incluye el Cine Doré, sala de exhibición de la Filmoteca Española que está a una manzana del Palacio de Perales. Hace un par de años conté en un post de Bloggin’ la historia de este cinematógrafo construido en 1923, que es uno de mis sitios favoritos de Madrid. De lo que no hablé es de la extraordinaria reconstrucción acometida por el arquitecto Javier Feduchi Benlliure, después de que en 1982 el Ayuntamiento de Madrid, en respuesta a las reivindicaciones vecinales, decidiera salvarlo de la ruina y cedérselo al Ministerio de Cultura. Del edificio original queda la fachada, los palcos de madera y la decoración del muro sobre el que cuelga la gran pantalla. Estos elementos sirvieron para desarrollar un mobiliario creado exprofeso que evoca los diseños de Mackintosh. Su vestíbulo está inspirado en la arquitectura mediterránea, con azulejos añil y plantas de interior. Tal vez por esto, y por la enorme carga simbólica que la sala principal tiene para los cinéfilos, Pedro Almodóvar rodó en el Cine Doré una escena de su película autobiográfica Dolor y Gloria.

¿Y Galdós? ¿Conocería este popular cine que los madrileños bautizaron como el Palacio de las pipas (las pipas eran las palomitas de maíz antes)? Pues este edificio seguro que no lo conoció, porque el escritor muere en 1920 y por eso este año seguimos celebrando su centenario. Pero justo aquí, justo en este mismo lugar en el que antes estuvo el hospital de San Juan de Dios fundado por Antón Martín -que ha dado nombre a la estación de metro-, hubo ya en 1912 un barracón de feria que se utilizaba para proyecciones de cine. ¡Quién sabe si el gran novelista se sentó alguna vez ante esta pantalla igual que nosotros!

Cine Doré.

Cine Doré.

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