Así hablábamos. Foto de Luz Soria.

Lo mejor que puede decirse de una obra de arte es que está viva. Cuando miramos la Cabeza de venado de Velázquez que hay en el Museo del Prado nos damos cuenta de que esto no depende de la precisión con la que se ha pintado cada detalle, sino de la verdad que impregna las hebras del lienzo. Pues esto mismo sucede con los diálogos de La Tristura, escritos durante los ensayos al ritmo de la respiración de los actores. La compañía madrileña, integrada por Itsaso Arana, Celso Giménez y Violeta Gil, acaba de estrenar Así hablábamos en el Teatro Valle Inclán, donde podrá verse hasta el 24 de marzo.

El reto era enorme: Alfredo Sanzol les prometió que el Centro Dramático Nacional produciría su próxima obra, siempre y cuando tuviera relación con alguna escritora española del siglo XX. Entre los tres comenzaron a recordar lecturas y Carmen Martín Gaite apareció ante ellos como un fantasma. Cuando hay alguien con quien puedes hablar, decía Carmiña, el cine, el teatro, los viajes e incluso placeres más fuertes se quedan en un segundo plano. Así hablábamos es ante todo una reivindicación del poder de las palabras, de la felicidad poderosa de escuchar y de ser escuchados.

Así hablábamos. Foto de Luz Soria.

Así hablábamos. Foto de Luz Soria.

A través de las citas de las novelas de la autora y de fragmentos de sus entrevistas, La Tristura retrata cómo un grupo de veinteañeros, todos miembros de una banda de música, se enfrentan a la muerte de una amiga mientras ensayan en un estudio de grabación. Tal vez sea la primera pérdida de alguien de nuestra propia edad la que nos marque con más miedo el resto de la vida, puesto que subraya el hecho inapelable de la fragilidad y del azar y establece un punto de inflexión entre la juventud y la edad adulta. Ellos se enfrentan, acompañados por el público, a todas las cuestiones existenciales: qué pasaría si no estuviéramos aquí, si no nos hubiéramos conocido, si fuéramos nosotros quienes hubiesemos muerto.

En Así hablábamos, Anaïs Doménech, Ede, Teresa Garzón Barla, Gonzalo Herrero, Fernando Jariego, Belén Martí Lluch, Eva Mir y Marcos Úbeda juegan a interpretarse a sí mismos: no cambian sus nombres cuando cruzan el umbral de la ficción y podemos intuir que también incorporan impresiones de sus propias experiencias en el texto. Este ejercicio de teatro-documental se ve reforzado cuando descubrimos que algunos de los actores han trabajado con La Tristura en Future Lovers y Renacimiento, dos producciones en las que la compañía quiso reflejar un momento vital anterior, cuando a la muerte no se la espera ni por asomo. De alguna manera, a través de estas obras están esbozando la evolución de un grupo de amigos, con sus tensiones y sus sueños comunes.

Así hablábamos. Foto de Luz Soria.

Así hablábamos. Luz Soria.

Carmen Martín Gaite, autora de Entre visillos, Retahílas, Caperucita en Manhattan, así como de numerosos artículos en prensa, ensayos y poemas -La Bella Varsovia acaba de publicar su poesía completa, A rachas– habría cumplido en 2025 cien años, pero en Así hablábamos sus palabras suenan tan contemporáneas que podría cumplir tan solo 20, como los actores o la propia compañía de teatro La Tristura. Las canciones que tocan, compuestas Rebeca Praga, Ede y Marcos Nadie con la colaboración de los intérpretes, jalonan una serie de escenas que atrapan los sentimientos del duelo sin caer en la sobreactuación, lo que hubiese sido muy fácil tratando un tema tan delicado. Gracias también a un inteligente diseño escenográfico firmado por Marcos Moreau, coreógrafo de La Veronal, la cuarta pared se desvanece de forma literal: en una larga pasarela entre dos graderíos los ocho chavales, llenos de vitalidad, de sueños y de miedos corren y conversan, del mismo modo que el venado que Velázquez pintó hace cuatrocientos años parece haberse colado en la pintura.

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