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Delante del Palacio Real

¡Ya sé como recorrer Madrid en poco tiempo y sin regresar sudando a casa! “¡El autobús!” habréis pensado. Pues no, me refiero a otro vehículo que según algunos visionarios va a revolucionar el transporte y que además es ecológico: el segway. Este post comienza con una versión futurista de la plaza de Ópera y acaba ante un cordero asado en el Restaurante Botín, allá por 1725.

Llevaba años viendo pasar a los turistas sobre estos balancines que parecen haber salido de una peli de ciencia ficción, pero hasta la semana pasada no me había subido nunca en un segway. He aprovechado la visita de mi amigo Mehdi, a quien le chifla todo lo que implique ponerse un casco, para saber cómo se mueve uno en este medio de transporte y nos ha encantado: el segway permite recorrer grandes distancias casi sin esfuerzo, así que se trata de una forma perfecta para visitar Madrid en profundidad sin patear más de la cuenta.

Lo primero que hicimos fue contactar con Segway Trip, una de las empresas que ofrece este servicio en la ciudad. Entre sus rutas elegimos una que incluye un menú degustación en el restaurante más antiguo del mundo según El libro de los récords Guinness: Botín. Es imprescindible concertar antes la visita, entonces te dicen cuál va a ser el punto de encuentro, en nuestro caso fue la Plaza de Ópera, donde Carles, el guías de Segway Trip nos explicó cómo manejar este vehículo que, como si fuera una nave espacial, surge de un proyecto en el que colaboró la NASA.

Delante del Teatro Real

Pasamos por la Plaza de Oriente, el Templo de Debod, el Puente de Segovia, la Plaza de la Villa, el Mercado de San Miguel, la Plaza Mayor…como si hubiéramos estado subidos al segway toda la vida. La máquina se acopla tan bien a tus movimientos que cuando te bajas tus piernas te parecen dos extrañas. Segway Trip ofrece visitas guiadas por toda la ciudad que pueden incluir una cata de vinos o un espectáculo de flamenco, pero a Mehdi le apetecía probar el Restaurante Botín, cuyo horno está funcionando desde hace casi 300 años. Carles nos enseñó además la esquina en la que Hemingway solía sentarse a comer y nos recordó que en su novela Fiesta aparece el legendario mesón.

Pero, entre todas las cosas que oímos, la que no se me olvidará jamás fue la observación de un niño muy listo delante de la Nunciatura. Aquel chaval de diez años, subido sobre el segway, porque el segway es para casi todas las edades, va y dice: “Carles, ¿has pensado alguna vez que la suma de todas las nunciaturas del mundo ocupa mucho más espacio que el propio Vaticano?” Mehdi y yo no podíamos parar de reír. Y es que sobre un segway el Vaticano se acaba bien rápido, pero Madrid da para mucho. Otro día me haré la ruta que va a la Casa de Campo.

Horno del Restaurante Botín

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