La muerte y la primavera. © Silvia Poch.

El coreógrafo Marcos Morau convierte la novela de Mercè Rodoreda en una pantomima macabra. A los bailarines les acompaña en escena la compositora y cantante María Arnal. Puede verse en el Centro Danza Matadero hasta el 25 de enero.

Mercè Rodoreda, conocida por La plaza del Diamante, empezó a escribir La muerte y la primavera a principios de la década de 1960, durante su exilio en Ginebra. Tras huir de la Guerra Civil, vivió el impacto de la expansión del totalitarismo en Europa y trató de reconstruir su vida en Suiza. Nunca terminó esta novela hermética y desgarradora, que, desde la mirada de un adolescente, describe una sociedad cruel, atormentada por el horror y cegada por el fanatismo colectivo. Quizá la autora no sabía que estaba escribiendo una de las obras maestras de la literatura en lengua catalana. Volvió a trabajar en el texto en numerosas ocasiones a lo largo de su vida y tres años después de su muerte, en 1983, la obra salió finalmente a la luz gracias al Club Editor.

La muerte y la primavera. © Silvia Poch.

Lo que propone Marcos Morau no es una narración, sino una sucesión de imágenes escalofriantes. Como si fuera una pesadilla, el año pasado esta misma producción dejó boquiabierto al público de la Bienal de Danza de Venecia y del Teatro Nacional de Cataluña. El coreógrafo reúne muchos de los recursos que ha explorado en los últimos años con su compañía, La Veronal: el vuelo de las faldas, las marionetas gigantes, los puntos de luz dispersos que los propios bailarines manipulan en el escenario…. Morau ha construido un universo propio y una técnica corporal que ha bautizado con el nombre de kova: pequeños gestos espasmódicos hilados con grandes movimientos de las extremidades y el torso, que beben de los estilos urbanos y del butoh japonés.

Para interpretar La muerte y la primavera, Marcos Morau ha dado más peso a las imágenes creadas por la escenografía y el atrezo que a la danza en sentido estricto. Sobre un escenario cubierto de tierra, tullidos y desarrapados se mueven sin rumbo, cargando la leña y los cadáveres que caen del cielo. Resulta también imposible olvidar la presencia de un órgano y el sonido de las campanas, que evocan la dimensión trascendental de la obra de Rodoreda, un texto que nos habla de la ausencia de esperanza. Porque la primavera no es aquí el inicio del ciclo de la vida, sino la máscara que oculta la certeza de la muerte.

La muerte y la primavera es una pieza de danza creada por Marcos Morau para La Veronal a partir de la novela homónima de Mercè Rodoreda y puede verse en Madrid hasta el 25 de enero.

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