Rompientes. Foto Javier Naval.

El Teatro de la Abadía reflexiona sobre la crisis migratoria con la puesta en escena de Pleamar y Huida, dos monólogos del escritor, ilustrador y diseñador belga Paul Verrept. Dirigidos por José María Esbec y protagonizados, respectivamente, por Rebeca Hernando y Fernando Guallar, pueden verse hasta el 22 de marzo con la misma entrada y bajo el título de Rompientes.

Aylan Kurdi tenía solo tres años cuando su cuerpo fue fotografiado sin vida en una playa del Mediterráneo. Era uno de los miles de refugiados que huían de la guerra de Siria. Ha pasado una década y los europeos seguimos sin tener una sola opinión sobre lo que debe hacerse para evitar esta tragedia. La pareja que protagoniza este díptico no vuelve a ser la misma cuando la marea comienza a arrastrar hasta la orilla de su casa los cadáveres de hombres, mujeres y niños que trataban de alcanzar nuestras costas. Primero habla ella, convencida de que puede hacer algo para evitar estas muertes; después le toca el turno a él, incapaz de enfrentarse al terror que le provoca el sufrimiento humano. Ambos entran en shock. Tienen puntos de vista diferentes y, tras lo que acaban de ver, son incapaces de comunicarse.

Lo más interesante de Rompientes es que trata de confrontar dos psicologías: la de quienes están poderosamente marcados por un sentimiento de culpa y la de aquellos que, solo en apariencia, se sienten ajenos al dolor. La pregunta principal que plantea el texto de Paul Verrept no es política, sino ética: ¿en quiénes nos convertimos cuando asistimos a una muerte injustificada? Solo de pasada se esgrimen algunos argumentos ideológicos, pues el conflicto de la pareja es existencial. Ella no acepta la indiferencia de él, pero él se descubre menos indiferente de lo que parece y no soporta las exigencias de ella. Mientras el personaje representado por Rebeca Hernando parece dominado por una empatía algo narcisista —al pensar que con su esfuerzo personal va a resolver el problema—, el personaje al que pone cuerpo Fernando Guallar se muestra duro y frío, hasta que la situación lo supera totalmente.

Rompientes. Foto Javier Naval.

Pleamar (De vloed) fue publicado en neerlandés en 2017. La huida (De vlucht) se montó cuatro años más tarde. Ronald Brouwer, coordinador artístico del Teatro de la Abadía, ha realizado la traducción al castellano, publicada recientemente por la editorial Antígona. Se trata de un texto fragmentario en el que las impresiones de los protagonistas se manifiestan a través de descripciones precisas y ensoñaciones perturbadoras. Para subrayar este extrañamiento, José María Esbec ha decidido enfatizar cada imagen con pequeñas acciones en el escenario, como derramar un cubo de arena o atravesar la pequeña balsa de agua que ocupa el centro de la escena. El sonido cobra también una gran relevancia en este montaje: mientras uno de los intérpretes pronuncia su parte y recoge con un micrófono el sonido ambiente, el otro manipula la mesa de control para evocar el rumor del mar o el ruido de un motor.

Rompientes hace alusión a la línea en la que las olas del mar golpean la costa. Se trata de la frontera entre los que vienen y los que estamos aquí. También es el límite que a veces se le pone a la piedad. Aunque cuando baje la marea esta pueda alejarse unos metros, nadie está lo suficientemente lejos para no sentirse interpelado. Rompientes, de Paul Verrept, puede verse hasta el 22 de marzo en el Teatro de la Abadía.

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