El bar que se tragó a todos los españoles. Foto Luz Soria.

En mitad de la temporada avanzamos algunos de los estrenos más esperados del Centro Dramático Nacional, en sus salas del Teatro Valle-Inclán y del María Guerrero. Mientras tanto, en el primero podemos ver hasta el 4 de abril El bar que se tragó a todos los españoles y en el segundo, hasta el 18 de abril, Los Remedios. Dos propuestas que podrían ir acompañadas de aquella advertencia tan frecuente en el cine de ficción: «basadas en hechos reales».

Es una buena noticia que El bar que se tragó a todos los españoles, en cartel hasta el 4 de abril, volverá más adelante al Teatro Valle-Inclán, porque cuando una producción reúne calidad y exigencia, alegra poder recomendarla sin miedo a que queden pocos días para verla a principios del próximo curso. Lo hará entre el 15 de septiembre y el 17 de octubre. Escrita y dirigida por Alfredo Sanzol, actual director del CDN, la obra cuenta la historia de un joven sacerdote español que decide dejar los hábitos para emprender una vida nueva, encontrar un trabajo y formar una familia a finales de la década de 1960. El reparto, encabezado por un refrescante Francesco Carril, consigue transitar de las escenas más desternillantes a las más dramáticas, en una comedia que, como todas las grandes comedias, toca el tuétano de la verdad y expone, sin pelos en la lengua, temas que nos atañen a todos, como son la reconciliación entre españoles y el ejercicio de la libertad. En ese bar, al que no le falta detalle y que podría estar en cualquier esquina de cualquier ciudad -el que está debajo de su casa también, ese también-, tiene lugar la revelación de un secreto: el de una vida que no se ha contado y que como tantas otras que podrían ser la nuestra. En este caso lo particular se hace universal, porque al verla uno siente cierta envidia hacia quienes tienen la valentía de soñar y, en mi caso, también la nostalgia de la primera juventud, cuando todo parece posible, y tal vez lo sea. Sanzol ha explicado que escribió El bar que tragó a todos los españoles a partir de lo que vivió su padre, por lo que esta ficción tiene mucho de teatro documental, aunque a veces nos parezca inverosímil una biografía tan asombrosa.

El bar que se tragó a todos los españoles. Foto Luz Soria.

El código realista hace que nos parezca más plausible lo que nos cuenta Los Remedios. Debe su título al nombre de un barrio de Sevilla en el que se criaron dos amigos que vuelven a encontrarse al cabo de los años. Escrita por Fernando Delgado-Hierro, es un ejercicio de autoficción en la línea de esas obras literarias que indagan en los caminos, a veces confusos, de la infancia y que tanto han proliferado los últimos años. Puede verse en el Teatro María Guerrero hasta el 18 de abril. Si echamos un vistazo a la web del CDN nos daremos cuenta de que el teatro documental ocupa buena parte de la programación de lo que queda de temporada y que después de Semana Santa pasaremos de lo individual a lo colectivo, cuando le llega el turno a dos obras que abordan historias que tienen entrada propia en la Wikipedia. Los papeles de Sísifo, del escritor español en lengua vasca Harkatiz Cano, aborda el caso Egunkaria, nombre del único periódico publicado íntegramente en euskera que en 2003 fue clausurado por orden judicial bajo la sospecha de que sus cinco directivos formaban parte de la banda terrorista ETA, lo que siete años más tarde negaría la Audiencia Nacional. Podrá verse en el Teatro María Guerrero entre el 9 de abril y el 2 de mayo. Algo más tarde se estrena en el Teatro Valle-Inclán El Combate del siglo, que estará en cartel entre el 28 de abril y el 23 de mayo. El texto, escrito por Denise Duncan en el marco del programa «Autor en residencia» de la Sala Beckett, cuenta la historia de Jack Jhonson, el primer afroamericano proclamado campeón del mundo de boxeo, que por lo visto pasó por Barcelona.

El combate del siglo. Foto Kiku Piol.

Uno de las grandes propuestas de la primavera es la programación simultánea de Shock 1 (El Condor y el Puma) y Shock 2 (La Tormenta y la Guerra), primera y segunda parte de un díptico escrito a ocho manos por cuatro de los más prestigiosos dramaturgos y directores de escena españoles, Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga, a partir a partir de la «doctrina del shock», estrategia con la que, según Naomí Klein, se domina y controla a las sociedades a través de la confusión que provocan los grandes conflictos, las catástrofes y el miedo. Estará en el Teatro María Guerrero entre el 27 de abril y el 13 de junio.

Schock 1 (El Condor y el Puma). Foto Marcos G Punto.

El CDN también tiene espacio para los títeres, con Nautilus (el 27 y 28 de marzo en el Teatro Valle-Inclán) entre otras propuestas de Titirescena, proyectos de investigación como Y llegar hasta la luna (del 7 al 11 de abril en el Teatro Valle-Inclán) y País Clandestino (del 5 al 16 de mayo en el Teatro María Guerrero), o el teatro leído, con la iniciativa Nueva escena italiana (11 y 13 de mayo en el Teatro Valle-Inclán). E incluso uno clásico, como la adaptación que Clàudia Cedó que dirige Marco Paiva de Calígula murió. Yo no de Albert Camús.

Todavía nos quedan varios meses para seguir disfrutando antes del verano de la extraordinaria programación del CDN, tanto en sus salas del Teatro Valle-Inclán, en Lavapiés, como las del Teatro María Guerrero, en el Barrio de las Salesas, aquí, en Madrid.

Nautilus. Foto de María Cárdenas.

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