La ciudad de los deportes

Categoría: Deporte 13 abril 2022

Nuevo Santiago Bernabéu.

Los clubs de fútbol, los torneos internacionales y el amor de los madrileños por el deporte han dejado una huella, no siempre indeleble, en la arquitectura y el urbanismo de la ciudad. En este post hacemos un repaso por los estadios, las pistas, las canchas, los frontones o las piscinas que tienen mayor significado para la afición o una singularidad constructiva o estilística que merecen la atención del visitante. ¡Bienvenidos al Madrid de los atletas!

Alfonso XIII descubrió el frontón durante sus vacaciones en San Sebastián, ciudad a la que su madre, la reina regente María Cristina de Austria, había traslado los veraneos de la corte tras enviudar. Cada agosto, aristócratas y altos funcionarios se desplazaban a Guipúzcoa para disfrutar del mar, la montaña y el deporte -algo que a finales del siglo XIX sólo practicaban las élites-. Fue así como los señores de alto copete se aficionaron a la pelota vasca y empezaron a demandar en Madrid la presencia de los pelotaris, entonces considerados grandes estrellas, que sólo podrían equipararse a los futbolistas de hoy. En 1891 se inauguró el Frontón Jai Alai, entre el Ministerio de Agricultura y el parque de El Retiro, un año después, en la calle Marqués de Urquijo, abrió sus puertas el Frontón Fiesta Alegre. Antes de la Guerra Civil, Madrid llegó a contar con ocho frontones, de los que hoy sólo se conserva uno: el Beti Jai. Considerado el edificio deportivo más antiguos del mundo, fue diseñado en estilo neomudéjar por el arquitecto Joaquín Rucoba, en 1893. Después de una compleja y delicada restauración, el Ayuntamiento está pensando devolverle el uso. Mientras tanto, además de una serie de aperturas extraordinarias a lo largo del año, podemos conocer cómo ha quedado en www.betijaimadrid.es.

Frontón Beti Jai.

Entre los frontones desaparecidos, sorprendía por su arriesgada bóveda calada el de Recoletos, junto a la Biblioteca Nacional. El arquitecto Secundino Zuazo y el ingeniero Eduardo Torroja fueron en 1936 los autores de este prodigio que fue abatido por dos obuses en la guerra. Torroja también calculó la espectacular marquesina de hormigón en voladizo que diseñaron Carlos Arniches Moltó y Martín Domínguez para el Hipódromo de la Zarzuela, inaugurado poco después de la contienda bélica. El centro hípico sigue siendo un punto de encuentro para los aficionados a la equitación de toda España. Al igual que sucedía en los frontones, también es posible apostar y por lo tanto perder o ganar. El evento deportivo más importante que acoge este espacio es el Gran Premio de Madrid, la carrera de caballos que se celebra la último semana de junio desde 1919 -cuando el hipódromo se encontraba en el solar que hoy ocupan los Nuevos Ministerios-. En estos mismos días actuará en este espectacular espacio Il Divo (26 de junio).  Otras citas obligadas para los amantes de este deporte son el Concurso de Saltos Internacional del Club de Campo Villa de Madrid, los días 13 y 15 de mayo, y el Ifema Madrid Horse Week, que cada otoño tiene lugar en las instalaciones de la Feria de Madrid en el Campo de las Naciones y que incluye también un área comercial especializada.

Hipódromo de la Zarzuela

Pero como se repite una y mil veces, el rey de los deportes es el fútbol y entre los clubes algunos tienen además título real. El Real Madrid, para los aficionados “El Madrid” a secas, se fundó en 1902. Con el Tour del Bernabéu se puede visitar el museo, donde se exhiben, además de las trece  copas de Europa que ostenta, uno de los uniformes de estilo modernista de principios de siglo XX. Desde que en 1923 el club abandonara el Velódromo de Ciudad Lineal, hoy desaparecido, y se instalara en el Estadio Chamartín, junto al Paseo de la Castellana, han cambiado mucho tanto la ciudad como el edificio. En 1982 acogió la final del Mundial de fútbol, para lo que antes había sido acondicionarlo por Manuel Salinas y Luis y Rafael Alemany, hijos de Luis Alemany Soler, quién había construido el recinto junto a Manuel Muñoz Monasterio en 1947. Son muchos los arquitectos que han intervenido en el edificio, pero tal vez son los vomitorios levantados en la década de 1990 por el Estudio Lamela el elemento más singular: unos grandes cilindros que se imponen como cuatro grandes tótems a la vista y que tras la próxima reforma quedarán ocultos bajo una nueva piel que ha proyectado GMP Arquitectos. A partir de diciembre de este año tendrá capacidad para 84.000 espectadores (dos veces entera la ciudad de Huesca). Pese a las obras, muchos de los partidos de la Liga Española y de la Champions League siguen teniendo lugar en este estadio.

Nuevo Santiago Bernabéu.

Frente a los “merengues” están los “colchoneros”, que hace poco vieron caer bajo la piqueta el Estadio Vicente Calderón, levantado en 1966 a orillas del río Manzanares. Desde 2017 su templo es el Wanda Metropolitano, que esa misma temporada acogió el final de la Copa del Rey y al año siguiente la final de la Champions League. Antes de ser la nueva casa del Atlético de Madrid, este mismo edificio, pero con menos graderío, fue el estadio de atletismo de la Comunidad de Madrid conocido popularmente como “La peineta”. Tanto la obra original como su posterior metamorfosis la llevaron a cabo Cruz y Ortiz arquitectos. El resultado es un amplísimo espacio para un aforo de 68.456 espectadores cubierto por un espectacular parasol blanco. Esta primavera acogerá numerosos partidos de la Liga Española y de la Champions League, además del Classic All Blacks de Rugby y de algunos conciertos y festivales de música pop-rock, como Suave Fest (23 de abril) o The Rolling Stone (1 de junio).

Wandra Metropolitano.

También la cubierta es el elemento más distintivo del Estadio Vallehermoso. Los arquitectos Cano Lasso se encargaron de levantar en 2018 este complejo que funciona como una isla verde en el distrito de Chamartín, uno de los más densos de la ciudad. Tal vez porque uno de sus autores (Alfonso Cano) compitió en la categoría de Salto de Pértiga en los Juegos Olímpicos de 1984, todo está cuidado con un mimo especial, por ejemplo: el agua caliente se obtiene con placas solares. Antes de este edificio, en este mismo lugar existía otro con idéntico uso que en 1962 acogió la segunda edición de los Juegos Iberoamericanos de Atletismo. Por sus calles corrieron Edwin Moses, Carl Lewis o Steve Ovett y en 2005 la zarina rusa Yelena Isinbayeva consiguió un récord del mundo de salto con pértiga: los 4,95 metros. Y mucho antes, en 1849, este solar albergó el cementerio Sacramental de San Martín, San Ildefonso y San Marcos, por eso a la zona se la llamaba el “campo de las cadaveras”. Del 5 al 8 de mayo acoge el Campeonato de Atletismo Adaptado y el 18 de junio WACT/Europe Silver Meeting Atletismo Madrid, una cita periódica todos los años.

Estadio Vallehermoso.

El sueño olímpico dejó en Madrid infraestructuras como la Caja Mágica, obra de Dominique Perrault inaugurada en 2009 cuya cubierta móvil permite cubrir las pistas de tenis si la meteorología así lo indica. Además de acoger todos los años el Mutua Madrid Open, que en 2022 será entre el 26 de abril y el 8 de mayo, el 4 de junio abre sus puertas a Fitboxing World Games. En 2013 fue el escenario del Campeonato Mundial de Balonmano Masculino y en 2019 de la Copa Davis de Tenis. También es un espacio multiusos que se adapta muy bien a los espectáculos musicales, en 2010 se celebraron aquí los premios MTV Europe y este año será la sede de Boombastic Festival (10 y 11 de junio), Madrid Puro Reggaeton Festival (24 y 25 de junio) y Festival Río Babel (del 30 de junio al 2 de julio). Una curiosidad: Madrid además cuenta con una pista de tenis de los años 20 que parece recortada de una pintura de Chirico, ya no está en uso y es posible visitarla en la Quinta de los Molinos.

Caja Mágica. Foto de Álvaro López del Cerro.

Aunque los Juegos Olímpicos aún no se han celebrado en Madrid, la ciudad ha sido la sede de importantes efemérides deportivas. En 1986 del V Campeonato Mundial de Natación, para lo que José Miguel Pérez de Arenaza y Joaquín Pujol Simón construyeron el Centro de Natación M-86 en el barrio de Estrella. En 2004, este enorme conjunto de piscinas -considerado uno de los mayores del mundo- fue la sede del  XXVII Campeonato Europeo de Natación. De manera habitual está abierto a los ciudadanos que decidan inscribirse para usar sus instalaciones.

Porque el amor al deporte de una ciudad también se mide en kilómetros de carril bici, en canchas de fútbol y baloncesto en los parques públicos o en piscinas abiertas todos los días del año. Los colegios, institutos y facultades han ofrecido a sus alumnos las primeras tomas de contacto con una disciplina. Por eso la Ciudad Universitaria se proyectó, a inspiración de los campus norteamericanos que tanto gustaban a Alfonso XIII, con inmensas zonas deportivas e incluso con un club de remo que no llegó nunca a fundarse a orillas del Manzanares. Hoy, la piscina y el campo de rugby son testigos de ese pasado esplendoroso de la modernidad, que daba a las actividades físicas al aire libre una importancia enorme. En este sentido el Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, construido en 1962 por Alejandro de la Sota es el ejemplo más sobresaliente de una arquitectura preocupada por sacar el máximo rendimiento al espacio. Por no renunciar al polideportivo construyó suspendidas sobre unos tirantes las aulas y a la vez consiguió que unas enormes cristaleras dieran luz natural al conjunto.

Centro de Natación. M86.

Desde hace unos años Madrid está haciendo un enorme esfuerzo por extender la red de carriles ciclistas por toda la ciudad. Hace poco han comenzado las obras del que en el futuro unirá la Plaza de Castilla con la Glorieta del Emperador Carlos V. En 2007, tras cuatro años de obras, se inauguró el Anillo Verde Ciclista, que más o menos en paralelo a la M-40 circunvala la ciudad a lo largo de 64 km. A su paso por la Casa de Campo, cuando discurre rodeado de plátanos y encinas, es espectacular. Esta obra de urbanismo y la piscina del Centro Deportivo Municipal Daoiz y Velarde, ubicada en un antiguo cuartel del ejército, son para mí las obras más interesantes. Por supuesto que no se trata de edificios icónicos con un fuerte impacto en el paisaje de la ciudad, sin embargo son muy apreciados por los madrileños y han sido imprescindibles para convertir a los ciudadanos en verdaderos amantes del deporte.

Paseo de Plátanos. Anillo Ciclista. Álvaro López del Cerro.

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