¿Quién ha dicho que un bocadillo no puede ser gourmet? Ni fast ni bad food. Estos bocadillos que he probado (casi todos) y os traigo son bocados exquisitos, que hay que tomar sin prisas para saborear en muchos casos recetas muy elaboradas. Algunos son puro exotismo, otros nos devuelven a los sabores más hogareños… Y todos están buenísimos.
Los clásicos triunfan en El Porrón Canalla (Ballesta, 2). Aquí se viene a comer el bocadillo de toda la vida que su dueño, Juanjo López (de La tasquita de enfrente, justo al lado) ha rescatado de su memoria y de la antigua taberna donde su padre vendía cerca de 500 bocadillos al día. Su preferido, el de tortilla con pimiento verde, pero la lista es muy completa y suculenta: de jamón (ibérico de Guijuelo) con tomate y aceite de oliva virgen extra, el pepito de ternera de Ávila, el de calamares, el de morcilla o el de salchicha de carne fresca con salsa brava de La Tasquita.
Para los que tiran de lata, están el de sardinillas con cebolleta, ventresca con pimientos rojos o la mezcla explosiva de mejillones en escabeche con patatas fritas. Hasta la merienda del pan con chocolate nos preparan al momento. Hay bocatas de autor, firmados por grandes chefs que irán cambiando mes a mes. Y para beber, porrones de vino, cerveza o sangría.
Ricos y sanos, así son los subs de Cleas, un local que acaba de abrir en el barrio de Las Salesas (Fernando VI, 21) dispuesto a cuidar de nuestra dieta. Su oferta gastronómica se sustenta sobre cuatro propuestas principales: ensaladas, pizzas, wok y subs (bocadillos y sándwiches), con una selección de diferentes panes: brioche, cinco cereales, mollete, pan bao, barrita pimienta y el especial para celiacos. Después hay que elegir los toppings (rúcula, pico de gallo, atún, mozzarella, brotes de soja…) y la salsa (mayonesa trufada, thai, Cesar…), y así tendremos nuestro bocadillo totalmente personalizado y único.
Los de Crumb son sandwiches de autor, en la calle de Conde Duque. El secreto aquí está en la masa o en la miga (crumb, en inglés) de sus panes, donde cargan las tintas, sin olvidar el relleno, por supuesto. Utilizan harinas ecológicas y masa madre, y se amasa y hornea a diario. Podemos elegir entre pan de trigo, pan de semillas, de patata, de miel y cebolla, con centeno… En la carta hay tres apartados, Mediterráneamente, De aquí y de allí y Porque yo lo valgo… con combinaciones tan apetecibles como el de pollo provenzal con guacamoles, canónigos y alioli, o el de panceta marinada y asada con compota de manzana, ensalada de berros y mayodulce. A estos entrepanes se les puede acompañar de patatas revolconas con torrezno, patata asada con boniato o mix de ensalada.
La Casa Tomada (San Lorenzo, 9) tiene mucho de realismo mágico. José Antonio del Pozo se ha traído desde Venezuela su proyecto gastronómico y le ha bautizado con el título de un cuento de Cortázar. En un ambiente muy cálido y acogedor ofrece una cocina sabrosa y contundente metida entre panes. Su carta, con 17 bocadillos, es tan tentadora que resulta complicado elegir. Hay bocadillos de pollo, de ternera y de roast beef como ingrediente principal.
¿Mi recomendación? El roast beef, perfectamente asado y loncheado, resulta exquisito en su versión Fat, con bacon, queso gratinado y cebolla. Y para volverse locos… el de teriyaki de ternera. El tamaño de los bocadillos es enorme, perfectos para compartir y probar así otras delicias de la carta o esas recetas más venezolanas, como el choripán de chacao y el perrito caliente “con todo”. No hay que perderse sus cervezas artesanas y la sugerencia del bocadillo del mes.
El buen hacer en la repostería francesa lo han llevado en Fonty (Juan Bravo, 41) a la bocadillería. Y el resultado es tan chic como exquisito. En su nuevo bistró puedes elegir entre tres focaccias, seis flautines y también sus croissanes rellenos. Los que más triunfan son el flautín toscano, con pechuga de pollo, tomate seco, queso provolone, rúcula y salsa pesto y la focaccia de roast beef, que se prepara en casa, en salsa de mostaza, rúcula y cebolla morada. Deja sitio para el postre porque es un pecado perderse las obras de arte dulces de Marie Valdez.